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Feminismo y género… desconstruyendo obstáculos para su comprensión

Indagaciones y re-construcciones teóricas a partir de cuatro ciclos de capacitación dirigidos al personal Policial sobre procedimientos actitudinales para la atención de victimas en crisis especialmente las de violencia de género.

(Por Mario Daniel Díaz Ott, Asistente Social y Licenciado en Trabajo Social del Cuerpo del Servicios Social Forense)

Introducción

El presente trabajo tiene la intención de ser una oportunidad de indagar conceptualmente sobre el feminismo – género estas palabras como Teoría Sociológica, motivación que nace en el contexto de ciclos de capacitaciones sobre el trato más asertivo que se debería dispensar en el caso de violencia de género dentro del desenvolvimiento rutinario de la fuerza policial.

En el devenir de los momentos de capacitación, se fueron dando “islotes” de seguridad pedagógica donde los agentes policiales pudieron explayarse y expresar sus sentires y pensares en torno al género en el contexto de su cultura enmarcada en una geografía (Ituzaingó, Corrientes) y en un entorno institucional (comisaria).

El objetivo del curso fue facilitar herramientas psico-sociales al personal policial a fin que su   proceder (actitudinal) sea lo más asertivo posible a favor de las víctimas en crisis por violencia de genero. Con el fin de acompañar la implementación efectiva del Protocolo Policial (ley n° 6268 Sanción 22/05/2014-Promulgación 05/06/2014) para actuar en caso de violencia de género, se identificó la necesidad de facilitar herramientas psico-sociales a los agentes policiales, para que estos puedan contener y asistir a las posibles víctimas.

Estas herramientas tuvieron componentes conceptuales a fin de reducir los obstáculos epistemológicos (de conocimientos), que podrían estar gravitando en el colectivo de la institución. El esfuerzo del taller se centró puntualmente en la adquisición de destrezas en el ámbito de lo actitudinal y de la formas, es de decir, del manejo del lenguaje corporal y no verbal del agente al momento de la intervención en dichas crisis. Este manejo diestro, evitaría formas de re victimización y desprotección hacia la mujer, reduciendo sustancialmente la violencia institucional. Mejorando la calidad de la información de las denuncias sin desatender la contención   de la víctima en crisis, en su fase inicial.

Posteriormente en las sucesivas autoevaluaciones y evaluaciones con el equipo de capacitación, y de los participantes, se pudo sedimentar una “necesidad gregaria”, la de indagar y profundizar el cocimiento sobre el feminismo así como indefectiblemente del termino género. Esta necesidad estuvo sostenida por la hipótesis que la mayor comprensión conceptual y la consecuente desconstrucción y construcción del entramado complejo de significaciones y sentidos que se le adjudica al concepto género y feminismo, permitiría romper con los obstáculos epistemológicos y espisitemofilicos para abordar la `problemática de la discriminación de género y de violencia de genero de un manera mucho más asertiva.

“La comprensión y entendimiento de un fenómeno solo es el inicio para que comience el proceso critico de integración y coherencia en todo el “organismo”, cuando se “incorpora”, nuestro “actuar” entra en sintonía con nuestro sentir, los obstáculos se desvanecen, y podemos hacer frente a otros…”

El Género

La perspectiva de género es sinónimo de enfoque de género, visón de género, mirada de género y contiene también el análisis de género. En ciertos lenguajes tecnocráticos se llega hablar de variante género como si el género fuera una variante y como si pudiera compatibilizarse dos perspectivas epistemológicas tan diferentes: una positivista y la otra historicista. Además se inscribe en el paradigma teórico histórico-crítico. Gayle Rubin, una de las creadoras de la teoría de género es exegética, como ella la llama. Se trata de una construcción teórica elaborada a partir de la crítica al pensamiento de Marx y Engels, Levi –Strauss y Lacan. En sus palabras. “El movimiento entre Marxismo, el estructuralismo y el psicoanálisis, produce algunos choques de epistemologías”(1975;159) .

En relación al paradigma de la “cultura del feminismo”, “El feminismo del siglo XX, nuevo episodio de una historia ya larga, presenta la especificidad de haber producido, además de efectos políticos y sociales, efectos en el campo del conocimiento, efectos que se señalan o incluso se institucionalizan bajo la fórmula estudios feministas (pero también estudios sobre las mujeres, estudios femeninos, estudios de género)”.

El análisis de género es la síntesis entre la teoría de género y la llamada perspectiva de género derivada de la concepción feminista del mundo y de la vida. Esta perspectiva se estructura a partir de la ética y conduce a una filosofía posthumanista, por su crítica de la concepción androcéntrica de humanidad que dejó fuera a la mitad del género humano: a las mujeres. Y, a pesar de existir en el mundo patriarcal, las mujeres han sido realmente existentes. Es notable que el humanismo no las haya advertido. La perspectiva de género tiene como uno de sus fines contribuir a la construcción subjetiva y social de una nueva configuración a partir de la resignificación de la historia, la sociedad, la cultura y la política desde las mujeres y con las mujeres.

Teoría de género y perspectiva de género

El género es más que una categoría, es una teoría amplia que abarca categorías, hipótesis, interpretaciones y conocimientos relativos al conjunto de fenómenos históricos construidos en torno al sexo. El género está presente en el mundo, en las sociedades, en los sujetos sociales, en sus relaciones, en la política y en la cultura.

El género es la categoría correspondiente al orden sociocultural configurado sobre la base de la sexualidad: la sexualidad a su vez definida y significada históricamente por el orden genérico. El mecanismo cultural de asignación del género sucede en el ritual del parto: al nacer la criatura, con la sola mirada de sus genitales, la partera o el partero dice y nombra a la vez: “es niña” o “es niño”.

La palabra, el lenguaje es la marca que significa el sexo e inaugura el género. Y el resto de la vida de manera casi imperceptible se repite el ritual: cada persona reconoce a otra a través de la mirada de su cuerpo, de la escucha de su voz y constata que es una mujer o un hombre. Además lo certifica en las acciones, los comportamientos, las actitudes, las maneras de actuar y de relacionarse, y por el conjunto de cosas que esa persona puede o no hacer, decir, pensar. Es decir, por los límites impuestos a su ser-en-elmundo por esa construcción que es el género.

A partir del momento de ser nombrado, el cuerpo recibe una significación sexual que lo define como referencia normativa inmediata para la construcción en cada sujeto de su masculinidad o de su feminidad, y perdura como norma permanente en el desarrollo de su historia personal, que es siempre historia social.

El género es una construcción simbólica y contiene el conjunto de atributos asignados a las personas a partir del sexo. Se trata de características biológicas, físicas, económicas, sociales, psicológicas, eróticas, jurídicas, políticas y culturales.

El género implica:

–           Las actividades y las creaciones del sujeto, el hacer del sujeto en el mundo.

–           La intelectualidad y la afectividad, los lenguajes, las concepciones, los valores, el Imaginario y las fantasías, el deseo del sujeto, la subjetividad del sujeto.

–           La identidad del sujeto o autoidentidad en tanto ser de género: percepción de sí, de su corporalidad, de sus acciones, sentido del Yo, sentido de pertenencia, de semejanza, de diferencia, de unicidad, estado de la existencia en el mundo.

–           Los bienes del sujeto: materiales y simbólicos, recursos vitales, espacio y lugar en el mundo.

–           El poder del sujeto (capacidad para vivir, relación con otros, posición jerárquica: Prestigio y estatus), condición política, estado de las relaciones de poder del sujeto, oportunidades.

–           El sentido de la vida y los límites del sujeto

El género asentado en el cuerpo, lo está en el cuerpo histórico, y cada quien existe en un cuerpo-vivido.

La sexualidad es el referente de la organización genérica de la sociedad y constituye el punto de partida de los caminos trazados con antelación para la construcción de caminos de vida tan definidos, que es de sentido común atribuirlos a un supuesto destino. No hay tal, la sexualidad, materia del género, es el conjunto de experiencias humanas atribuidas al sexo y definidas por la diferencia sexual y la significación que de ella se hace. Constituye a las personas y las adscribe a grupos bio-socio-psico-culturales genéricos y a condiciones de vida predeterminadas que a su vez condicionan sus posibilidades y sus potencialidades vitales.

La sexualidad, condensada en el género define:

–           Los grupos genéricos.

–           Los sujetos particulares: las mujeres y los hombres.

–           Las relaciones sociales definidas en torno al sexo por edades; es decir, las relaciones de género concebidas también de propiedad de bienes y recursos y de la riqueza.

–           Las instituciones privadas y públicas, económicas y sociales, jurídicas y políticas.

–           La cultura: los símbolos y las representaciones, el imaginario y las fantasías, las concepciones del mundo y de la vida, de cada acontecer; las maneras de pensar y los pensamientos, así como la afectividad; los lenguajes corporales, verbales, escritos y sus correspondientes sustratos, la gestualidad, la palabra y la voz, la escritura, el arte y todas las creaciones efímeras de la vida cotidiana, así como las creaciones materiales más perdurables; valores circunscritos en una eticidad y, desde luego, dimensiones variadas del sentido de la vida. Las identidades personales y grupales, así como las mentalidades individuales y colectivas.

–           La vida de principio a fin de cada persona.

El orden fundado sobre la sexualidad es desde luego un orden de poder. En conjunto es un complejo mosaico de generación y reparto de poderes que se concretan en maneras de vivir y en oportunidades y restricciones diferenciales.

La categoría de género es adecuada para analizar y comprender la condición femenina y la situación de las mujeres, y lo es también para analizar la condición masculina y la situación vital de los hombres. Es decir, el género permite comprender a cualquier sujeto social cuya construcción se apoye en la significación social de su cuerpo sexuado con la carga de deberes y prohibiciones asignadas para vivir, y en la especialización vital a través de la sexualidad. Las mujeres y los hombres no conforman clases sociales o castas; por sus características pertenecen a la categoría social de género, son sujetos de género.-

Las necesidades de género

Las necesidades son las aspiraciones más importantes, comunes a todos los seres humanos. Sin embargo, al tener distintas posiciones sociales, diferentes roles y desigual acceso y control de los recursos, resulta que hombres y mujeres tienen distintas necesidades.

Las necesidades de género implican, de estas aspiraciones, las que son comunes a las mujeres o los hombres, en virtud de su ubicación social, de acuerdo a sus atributos de género. Pueden clasificarse como:

  • Necesidades prácticas de género. Son las necesidades que resultan de las condiciones reales y actuales de vida. Se perciben inmediatamente y tienen que ver con la sobrevivencia. Por ejemplo: Necesidad de agua potable, energía eléctrica, abastecimiento de alimentos, instalaciones sanitarias, etc.
  • Necesidades estratégicas de género. Son las que se derivan de la desigual posición de hombres y mujeres en la sociedad, así como del interés en el logro de relaciones de equidad entre los sexos y de una sociedad más equitativa. Al inclinarse hacia la transformación y flexibilización de los roles de género, no se perciben de manera inmediata.

Apuntan hacia cambios en áreas como leyes, educación libre de sexismo, un modelo económico participativo, vida sin violencia y ciudadanía plena para las mujeres.

Cuando los proyectos o las organizaciones se limitan a considerar necesidades prácticas, la tendencia será que las mujeres se limiten a reproducir los roles tradicionales de género, como ama de casa, etc.

A la inversa, al contemplar exclusivamente las necesidades estratégicas, se corre el riesgo de atraer únicamente a mujeres para las que no resultan reales las necesidades de sobrevivencia.

La importancia de una reflexión de este tipo radica en la posibilidad de formular alternativas de desconstrucción del modelo de masculinidad y por lo tanto de construcción del concepto de género desde un punto de vista diferente, que no se estructure a partir de relaciones de dominio.

Althusser (1977: 97-141) habla sobre la residencia subjetiva de la ideología y de los procesos fundantes de la cultura humana ( Althusser ubica los procesos de la ideología en el terreno del inconsciente), quedando claro que al postular la dialéctica de necesidad-satisfacción como fundante de procesos, como la instauración de normas y consolidación de ideologías, el lugar de la cultura queda dentro de esa parte fundante de la subjetividad en la relación entre el sujeto y el contexto vincular-social.

Feminismo. El paradigma Feminista en la Sociología

Después de más de tres siglos, la distinción analítica entre sexo y género, así como otras nociones acuñadas para dar cuenta de la desventajosa posición social de las mujeres a lo largo de la historia forma parte de un aparato conceptual y de un conjunto de argumentos cuyo objetivo ha sido poner de manifiesto la subordinación de las mujeres, explicar causa y elaborar acciones políticas orientadas a desactivar los mecanismos de esa discriminación de los hilos por los que discurre la historia del feminismo de – orígenes ilustrados hasta los años setenta del siglo XX es el descubrimiento existe una estructura de poder sistémicamente articulada que reposa sobre la construcción socio-política de los géneros .

Los derechos de las mujeres son en gran medida una conquista de las luchas feministas. Por feminismos, entendemos los movimientos sociales y políticos, que se inician formalmente a finales del siglo XVIII, que suponen la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la presión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte de la cultura patriarcal, del modelo capitalista de producción, lo cual mueve a las mujeres a la acción para liberarse y transformar la sociedad.

Según Simone de Beauvoir, el feminismo es: “…un modo de vivir individualmente y de luchar colectivamente…”. Cecilia Amorós, lo define como “un tipo de pensamiento antropológico, moral y político que tiene como su referente la idea ilustrada y racionalista desigualdad entre los sexos”.

El género es a la vez causa y efecto de esa estructura de poder que divide la sociedad en dos partes asimétricas, una de ellas marcada por la subordinación y otra por la dominación, una con exceso de recursos y otra con déficit de los mismos, una con sobrecarga de derechos y otra con un déficit significativo de los mismos. Este fenómeno social constituirá en el futuro uno de los núcleos objeto de investigación de la sociología critica feminista.

La teoría feminista, se ha configurado como un marco de interpretación de la realidad que visibiliza el género como una estructura de poder. Amorós lo explica así; “En este sentido, puede decirse que la teoría feminista constituye un paradigma, un marco interpretativo que determina la visibilidad y la constitución como hechos relevantes de fenómenos que no son pertinentes ni significativos desde otras orientaciones de la atención” (Amorós, 1998: 22). Esto significa que los paradigmas y marcos de interpretación de la realidad son modelos conceptuales que aplican una mirada intelectual específica sobre la sociedad y utilizan ciertas categorías (género, patriarcado, androcentrismo, etc.) a fin de iluminar determinadas dimensiones de la realidad que no se pueden identificar desde otros marcos interpretativos de la realidad social. Al igual que el marxismo puso de manifiesto la existencia de clases sociales con intereses opuestos e identificó analíticamente algunas estructuras sociales y entramados institucionales inherentes al capitalismo, realidades que después tradujo a conceptos -clase social o plusvalía, el feminismo ha desarrollado una mirada intelectual y política sobre determinadas dimensiones de la realidad que otras teorías no habían sido capaces de realizar. Por ejemplo, los conceptos de violencia de género o el de acoso sexual, entre otros, han sido identificados conceptualmente por el feminismo.

La teoría feminista ha aportado a la sociología crítica una mirada intelectual que ha desvelado no sólo el sesgo de género implícito en la propia construcción de la ciencia sociológica sino también el entramado material y simbólico que crea y reproduce una estructura hegemónica masculina en todos los ámbitos sociales. (A esta estructura material y simbólica es a la que Pierre Bourdieu denomina la dominación masculina (Bourdieu, 1998). Y esta aportación esencial ha dotado de mayor amplitud y profundidad la mirada sociológica en su afán por desvelar los mecanismos que hacen posible el funcionamiento social. Al mismo tiempo, la teoría feminista se ha convertido en uno de los núcleos explicativos fundamentales de la sociología crítica al mostrar una nueva estratificación y una nueva jerarquía: la de género. La teoría feminista ha puesto al servicio de la sociología crítica una hermenéutica que ha desvelado las muchas veces invisibles y siempre eficaces relaciones de poder de los varones sobre las mujeres. Y no sólo eso, pues al mostrar los nudos sociales de la subordinación de las mujeres y advertir sobre su dimensión normativa se ha convertido en parte ineludible de cualquier teoría del cambio social Una de las características fundamentales de la teoría feminista es que se inscribe en el marco de las teorías críticas de la sociedad. Las teorías críticas muestran una posición crítica con aquellas estructuras que producen desigualdad o discriminación y tienen como objetivo explicar la realidad y desvelar los mecanismos y dispositivos de la opresión. La teoría feminista, al conceptualizar la realidad, pone al descubierto los elementos de subordinación y desventaja social que privan de recursos y derechos la vida de las mujeres. Sin embargo, la labor de la teoría crítica no termina en el diagnóstico crítico de la realidad, sino en la acción política, por ser el lugar en el que de embocan la teoría críticas. Estas teorías se caracterizan por su dimensión normativa: no se conforman con explicar la realidad, proponen también su transformación. Por eso, desembocan en una teoría del cambio social.

Los conceptos son útiles en la medida en que iluminan la realidad que de designan y aportan elementos para comprenderla (Berger y Kellner, 1985). En el caso del feminismo, como en el de todas las teorías críticas y el feminismo es sobre todo un pensamiento crítico, los conceptos no sólo iluminan y explican la realidad social también politizan y transforman esa realidad. Como señala Celia Amorós, en feminismo conceptualizar es politizar. La eficacia de los conceptos se origina en su capacidad de dar cuenta de la realidad que nombra. Por ello, para comprender adecuadamente el concepto de género es preciso subrayar que tras esa categoría hay un referente social: el de las mujeres como genérico.

El feminismo utiliza el género como un parámetro científico que se ha configurado en estos últimos treinta años como una variable de análisis que ensancha los límites de la objetividad científica. El cambio fundamental que ha introducido tiene que ver con la identificación entre conocimiento masculino y civilización, tal y como afirma Lidia Cirillo, en el sentido de que el conocimiento filosófico y científico producido por los varones casi en exclusivo, se ha mostrado como un conocimiento objetivo y no sesgado, como la expresión de nuestra civilización. El feminismo, en su dimensión de tradición intelectual, ha mostrado que el conocimiento está situado históricamente y que cuando un colectivo social está ausente como sujeto y como objeto de la investigación, a ese conocimiento le falta objetividad científica y le sobre mistificación.

La introducción del enfoque feminista en las ciencias sociales ha tenido como consecuencia la crisis de sus paradigmas y la redefinición de muchas de sus categorías. Seyla Benhabib explica que cuando las mujeres entran a formar parte de las ciencias sociales, ya sea como objeto de investigación o como investigadoras, se tambalean los paradigmas establecidos y se cuestiona la definición del ámbito de objetos del paradigma de investigación, sus unidades de medida, sus métodos de verificación, la supuesta neutralidad de su terminología teórica o las pretensiones de universalidad de sus modelos y metáforas (Benhabib, 1990).

Hoy ya es prácticamente impensable en las universidades europeas, en las americanas (del norte. del centro y del sur) y en otras de diversas partes del mundo sustraerse al análisis de género en las ciencias sociales: “En las diversas ramas del saber, la inclusión del género produce efectos diversos: el género no solo revela la asimetría, sino que es en sí mismo asimétrico. En la historia, por ejemplo, como historia de las vicisitudes política o militares diplomáticas, las mujeres pueden ser evocadas sobre todo como ausencia, pero esta ausencia contribuye a explicar la naturaleza de los fenómenos y de las instituciones” (Cirillo, 2005: 42). La ausencia de las mujeres en los procesos intelectuales el lugar periférico en que se les coloca como objetos de investigación cuando no están ausentes, o la asignación de sus tareas tradicionales como rasgo inmutables de una ontología ajena a la historia han sido los significados que han nutrido las ciencias sociales cuando se han referido a las mujeres. Por eso, no es de extrañar que en recientes estudios e investigaciones no solamente introduzcan el género como una categoría necesaria sino que también se ‘ revisen los criterios interpretativos del pasado para dar testimonio de que las ausencia de parámetros de género vuelve un conocimiento menos fiable o simplemente inválido” (Cirillo, 2005: 43).

Los derechos como conquista del Feminismo.

Se habla de feminismos en plural para referirnos al conjunto de personas, acciones y teorías que asumen un compromiso político con la idea que dentro de las sociedades las mujeres son las perdedoras en el juego social, o, el compromiso con la idea que nuestras sociedades son patriarcales, en las que existe la supremacía de lo masculino.

En cuanto a los tipos de feminismos, hay dos grupos:

1) Los feminismos de la igualdad, que proponen que las mujeres son oprimidas porque no son tratadas igual que los hombres, entre los cuales podemos distinguir:

a-. Los feminismos liberales clásicos, que luchan por procurar la igualdad en oportunidades formales para hombres y mujeres. Entre sus principales representantes, podemos citar a las feministas de la Revolución Francesa, como Olympe de Gouges, también a Mary Wollstonecraft, y a pensadores como John Stuart Mill. Podemos ubicarlos desde la revolución francesa, hasta los movimientos sufragistas de los siglos XIX y XX. Su propuesta es incluir a las mujeres como titulares de los mismos derechos de los que disfrutaban los hombres. Estos feminismos reciben algunas críticas, entre las cuales, podemos mencionar que toman en cuenta parámetros que reflejan el punto de vista masculino y no características femeninas.

b-Los feminismos liberales sociales, que propugnan la igualdad en oportunidades sociales, ya que sostienen que para ejercer la libertad es necesario contar con las mismas oportunidades y recursos materiales. Así, por ejemplo, señalan los casos en los que la mujer es peor remunerada que el varón, la existencia de una jornada de trabajo doble, las tareas del cuidado de los niños, a cargo de las mujeres. Reclaman que se reconozcan las diferencias femeninas, para que las mujeres reciban un trato especial, como por ejemplo, la protección laboral, en los casos en los que deben llevar adelante un embarazo.

c- Los feminismos sociales, que proponen la igualdad de acceso a los recursos, -no solo que se declare que merecen los mismos recursos-, sino que puedan disponer de ellos. Se ubican dentro de la teoría socialista y de la posición de Engels. Plantean el género como una estructura más que contribuye a la opresión social. Señalan que el patriarcado y el capitalismo, son dependientes, e imponen restricciones a los seres humanos. El capitalismo necesita del patriarcado para operar sobre las mujeres, puesto que impone la supremacía masculina y así ofrece al capitalismo el orden y control que necesita. Este sistema de control es necesario para suavizar el funcionamiento de la sociedad y el sistema económico. Son las mujeres, quienes al cumplir con los estereotipos sexuales, de ser madres y amas de casa, cuidadoras del ámbito doméstico, quienes soportan la organización capitalista, en la que son los hombres, dueños de los medios de producción, o desde su rol de “sostén” de la economía doméstica, quienes salen a trabajar, gracias al trabajo invisible, no reconocido, ni bien remunerado, de las primeras.

d- Los feminismos radicales, expresan que el género una construcción que sostiene y refleja la estructura social y determina la distribución de poder. El poder lo tienen los hombres. El problema de las mujeres es un problema de falta de poder. Son ellos quienes tienen el libre acceso a la sexualidad femenina y pueden ellos definir qué es ser mujer, y cómo es su deseo. Señalan que la mujer es convertida en objeto de intercambio. Estos feminismos, muy emparentados con las versiones marxistas, proponen correr el velo y transformar las estructuras sociales, que posibiliten transformar y otorgar un lugar de poder a la mujer. Los llamados feminismos de la igualdad han sido criticados por no reconocer el valor de lo femenino como diferente, y así han surgido los llamados feminismos de la diferencia o “feminismo cultural”, que propone considerar la diferencia de las mujeres, en su desarrollo moral. Esta posición también ha sido criticada porque dichas diferencias están vinculadas a lo construido como estereotipo cultural, y no puede ser asumido críticamente.

2) Los llamados feminismos posmodernos, se caracterizan por señalar que el sujeto no es más que una construcción social. Los rasgos que se le atribuyen son el resultado de interacciones sociales que se reflejan y se crean dentro del lenguaje, construcción social por excelencia.

Etapas del feminismo

El feminismo comienza cuando las mujeres se organizan para luchar por su reivindicación contra la sociedad patriarcal, si bien siempre hubo defensoras de los derechos de las mujeres, como por ejemplo, Hipatia de Alejandría, y otras tantas valientes y talentosas mujeres que se atrevieron a desafiar los modelos de la cultura patriarcal. El autor tomara las siguientes tres fases, que se centraron en la conquista de diferentes derechos:

1) La primera es la del llamado “feminismo ilustrado”, y reivindica la ciudadanía de las mujeres. Se extiende desde la Revolución Francesa hasta mediados del siglo XIX. El debate se centra en la igualdad de la inteligencia entre hombres y mujeres, y la reivindicación de la educación. Apunta a conseguir los derechos civiles para las mujeres. Entre las representantes mencionamos a Olympe de Gouges y a Mary Wollstonecraft.

2) La segunda es la del “feminismo liberal sufragista”, que reivindica los derechos políticos, en particular, el derecho al voto de las mujeres. Entre sus representantes mencionamos a John Stuart Mill y a Harriet Taylor.

3) La tercera es el “feminismo contemporáneo”, que reivindica los derechos sociales. Comienza en las revoluciones de los años 60 y continúa hasta la actualidad. Se centra en la lucha en contra de los estereotipos sexuales femeninos en los medios de comunicación masiva, en el arte y en la publicidad, y pide la abolición del patriarcado.

Crítica feminista al Derecho

Los movimientos feministas han criticado diversas instituciones de la cultura patriarcal, entre ellas, al Derecho. Durante muchos años, el Derecho fue un fiel reflejo del patriarcado, y se sumó a otros mecanismos para fortalecer la subordinación y opresión de las mujeres. En la Argentina, por ejemplo, hasta el año 1968, la mujer casada, era incapaz de derecho, y no podía disponer de sus bienes, sin el consentimiento del marido. En muchos países, aún en la actualidad –Guatemala-, una mujer para poder trabajar, necesita la autorización de su esposo. Volviendo a nuestro país, desde 1985, se le otorgó la patria potestad a ambos padres, dándole un lugar de reconocimiento a la madre, en relación al ejercicio de la responsabilidad por el cuidado de sus hijos. Como consecuencia de las luchas feministas, conforme se expuso más arriba, desde mediados de siglo XX y comienzos de siglo XXI, se han dictado leyes que han modificado el carácter opresivo del Derecho en relación a las mujeres, y en lugar de eso, han consagrado diversas herramientas, para permitirles la transformación, la emancipación y el ejercicio de sus derechos, tratando de equipararlas al varón.

Para concluir esta clase, proponemos mencionar brevemente las críticas feministas al Derecho, que han contribuido a desnaturalizar las prácticas sexistas, que promueve la versión más androcéntrica del Derecho. Así, las feministas postulan que:

  1. a) El Derecho es producto de sociedades patriarcales, y ha sido construido desde el punto de vista masculino. Refleja y protege valores, necesidades, intereses masculinos, y no considera a las mujeres.
  2. b) El Derecho, aunque proteja discursivamente los intereses de las mujeres, al ser aplicado, las instituciones e individuos moldeados por la ideología patriarcal, desfavorecen a las mujeres. Por ejemplo, la violación a pesar de estar penalizada, en las ideas de jueces, fiscales y abogados, sobre lo que constituye una violación, contribuye en la práctica, a la DESPENALIZACIÓN DE FACTO de algunas violaciones, así en el caso de las cometidas por los conocidos y en citas. Mientras vivamos en sociedades patriarcales, las mujeres no vamos a contar con un punto de vista propio desde el cual podamos construir una teoría del derecho feminista.

El Feminismo Liberal clásico criticó las normas jurídicas que excluían a las mujeres como destinataria de ciertos derechos: al voto, a la educación superior, a la potestad marital. También, la penalización del aborto, enfatizando que la mujer tiene el mismo derecho a controlar su cuerpo y a su autonomía, que los hombres.

Los feminismos liberales sociales y socialistas, proponen que las normas a cambiar están en el derecho social, en el derecho laboral y de la seguridad social.

Es decir, en aquellas normas, que otorguen la posibilidad de que las mujeres cuenten con recursos para logar una plena autonomía. Asimismo, exigen garantías reales para la igualdad salarial, la no discriminación en el empleo, en los recursos de la seguridad social, normas que garanticen la no discriminación de las mujeres en razón del embarazo, reconocimiento de licencias de maternidad y lactancia, reconocimiento del valor del trabajo doméstico, existencia de servicios que aseguren a las mujeres la posibilidad de emplearse siendo madres (guarderías) y sistemas de seguridad social que protejan a las mujeres contra los riesgos particulares derivados de su situación como productoras reproductoras.

Los Feminismos Culturales o de la diferencia, apuntan contra las instituciones jurídicas vigentes del derecho de familia. Proponen otra manera diferente a las feministas liberales, es decir, no asimilar a las mujeres a los hombres, y que se adopte un esquema de derechos especiales a través de los cuales se reconozcan y valoren el punto de vista y las prácticas particulares de las mujeres. En el caso de los Feminismos radicales, se enfatizan los derechos sexuales de las mujeres, como por ejemplo: el acceso a la sexualidad femenina, la penalización de la violación entre cónyuges, la regulación del acoso sexual, la introducción de normas procesales que protegen a las mujeres en los procesos por violaciones, introducción de concepto de violación entre conocidos, en el matrimonio, en citas. Es importante destacar que la introducción de estos derechos ha sido exitosa, en gran parte de las legislaciones, si bien no ha sido tanta la penalización de la distribución de pornografía. Nos referimos a las imágenes en las que aparecen mujeres o niñas sometidas sexualmente y disfrutando del sometimiento.

Mencionamos los métodos feministas que han cuestionado el carácter patriarcal y opresivo del Derecho, porque han contribuido a promover el dictado de legislación que contribuya a emancipar a las mujeres. Estos métodos para son básicamente tres.

1.- El primero de ellos, consiste en la pregunta por las mujeres e interrogar las consecuencias diferenciadas por género, que pueden derivarse de las normas jurídicas cuando éstas son aplicadas. Se propone re leer las normas que consagran el derecho de no ser torturado ni sometido a tratos crueles, inhumanos, degradantes, para incluir la VIOLENCIA DOMESTICA como forma de tortura o trato cruel y reforzar la necesidad de sancionarla.

2.- El segundo, es la razón práctica femenina, procura dar cuenta de la diferencia de las mujeres en la aplicación de las normas jurídicas. Se propone superar el pensamiento dicotómico, y variables para lograr integraciones y reconciliaciones creativas.

3.- El tercero consiste en la creación de conciencia, o sea, la creación colectiva de conocimiento a partir de la puesta en común de las experiencias de vida de las mujeres. A partir de este conocimiento se hace posible la movilización en torno a la modificación de la legislación vigente.

La creación de conciencia ha contribuido a empoderar a las mujeres, a fortalecer la lucha que ha determinado que hoy contemos con legislaciones que ayudan a proteger sus derechos.

Conclusiones preliminares

En los últimos años, tanto desde determinadas instituciones internacionales como desde distintos ámbitos de poder, incluidos los mediáticos y académicos, se ha extendido el término ‘género’ como sinónimo de mujeres o de feminismo, de modo tal que a medida que adquiere mayor uso ese término, con la misma rapidez e intensidad pierde visibilidad el vocablo ‘feminismo’. No es de extrañar que Judith Stacey subraye la nostalgia que le produce la época de los años setenta en que el feminismo aún no había sido despojado de su dimensión más crítica y no tenía que competir con algunos eufemismos que explicitaban esta desactivación política (Stacey, 2006).

A lo largo de estos años, se ha producido una metonimia entre los dos términos y eso ha dado lugar a malentendidos teóricos y a problemas práctico-políticos. El primer malentendido surge cuando la noción de género, acuñada como una herramienta feminista con el objeto de visibilizar una estructura de dominación, se intenta sustituir por el propio paradigma feminista del que forma parte. Este malentendido, se origina cuando se sustituye la parte por el todo. Y esto, es un error sólo teórico, y sobre todo político: es una’ metonimia política, ya que la sustitución indiscriminada de feminismo por género produce efectos no deseados para las mujeres porque despolitiza el feminismo al vaciarle de su contenido crítico más profundo. Y la despolitización del feminismo debilita a las mujeres como sujeto político colectivo con los consiguientes efectos de pérdida de influencia política y de capacidad de transformación social. En este caso, el género se convierte en un eufemismo para invisibilizar un marco de interpretación de la realidad que nos muestra la sociedad en clave de sistema de dominación patriarcal.

Asumir la perspectiva de género requiere un gran esfuerzo y conduce a una revolución intelectual interna de tipo personal y a una revolución cultural de las mentalidades. La concepción binaria (hombre – mujer) no permite pensar la organización genérica del mundo porque, aun cuando culturalmente sea representada como un orden binario, socialmente ese principio no se realiza: las maneras múltiples y diversas en que las mujeres y los hombres realizan su condición de género, descarta la concepción monolítica y cerrada acerca del hombre y la mujer, como polos rígidos auto contenidos y excluyentes, y como si fuesen realidades sociales, como si cada mujer fuese la mujer y cada hombre fuese el hombre, respectivamente .

En cuanto a la lógica formal, la confrontación es radical porque este tipo de pensamiento lógico, impide pensar de manera comprensiva y dialéctica la complejidad de género. La lógica formal, además de ser binaria, establece principios unívocos de relación causa-efecto en los fenómenos y además parte de que una causa está en el origen de fenómenos complejos.

La teoría de género está construida dialécticamente y el análisis de género se corresponde con esa lógica. Los fenómenos de género son multideterminados, por ello cualquier determinismo unilineal y causal choca con su propia dinámica. El pensamiento recoloca los fenómenos de género en la relación binaria, como fenómenos excluyentes, complementarios y además opuestos. Esta lógica impide comprender tanto el contenido de los procesos de género como la compleja organización de género. Y, finalmente la concepción histórica de la teoría de género es punto de confrontación para quienes no tienen una concepción histórica de los fenómenos sociales.

La crisis más aguda en las mentalidades que se produce al utilizar la teoría de género consiste en que en ésta se traslada la explicación de lo que sucede a mujeres y a hombres de la naturaleza a la historia y, además, plantea que mujeres y hombres no han sido creados por seres sobrenaturales ni por divinidades, sino que son construidos social y culturalmente sobre una base biológica que se modifica dialécticamente por la interacción sociocultural.

Por ello, asumir el contenido teórico constructivista de la perspectiva de género, con su compleja dialéctica entre la naturaleza y la historia, implica dejar críticamente la perspectiva creacionista de las ideologías, mitologías y religiones que hegemonizan las explicaciones de género en la cultura dominante y son estructuradoras de la subjetividad de las personas.

Son parte de la estructura mental, los mitos vigentes acerca de la creación son los de la creación del hombre y la secundaria, subsidiaria, creación minorizada de las mujeres. Se trata de mitos patriarcales y la mayoría de las personas los toma como verdades en una confusión entre mito e historia que se revuelve otorgando a los primeros un mayor valor de verdad.

Al no comprender que la perspectiva de género corresponde con un nuevo paradigma histórico y en consecuencia con un nuevo paradigma cultural, se la fragmenta y traduce a lenguaje patriarcal. Y, como no se comprende que contiene un esquema de pensamiento dialéctico, se la piensa desde la lógica formal.

Finalmente, tampoco se entienden los contenidos de las alternativas en relación con las mujeres, ni la propuesta feminista abarca también a los hombres. Françoise Collin señala al respecto que:

“La constitución es un espacio verdaderamente común a hombres y mujeres que fue, y sigue siendo, el objetivo primordial del feminismo, recurre inevitablemente a las teorías de la igualdad. Pero esta igualdad debe entenderse como igualdad de derechos, no como igualación de identidades, que por lo demás, se hará en provecho de la identidad masculina ya existente. Debe dejar lugar al juego de las diferencias individuales o colectivas sin por ello predefinirlas. En el siglo XX viene así a modificar el concepto de igualdad del siglo XVIII, cuyo fundamento es la noción de ciudadanos abstractos. La problemática de los sexos, como de las razas, las culturas e incluso de las religiones, obliga a una redefinición de democracia y de ciudadanía”.

La perspectiva de género es una de las concreciones de la cultura feminista y, como tal, incluye el conjunto de acciones prácticas que se realizan en todo el mundo para enfrentar la opresión de género. De igual manera contiene el conjunto de alternativas construidas para lograr un orden igualitario equitativo y justo de géneros que posibilite, de manera simultánea y concordante, el desarrollo personal y colectivo: de cada persona y de cada comunidad, pueblo, nación y, desde luego, de cada género. La perspectiva de género exige de esta forma una voluntad alternativa y la metodología para construirla a través de acciones concretas.

Dichas acciones concretas, y de manera insipiente se concretizan hoy, en los ciclos de capacitaciones realizadas al personal policial de la jurisdicción de Ituzaingó, y actualmente a funcionarios y empleados judiciales donde se intenta iniciar procesos de desconstrucción de dispositivos patriarcales, que actualmente se encuentran cristalizados en modos de pensar, sentir y llevando en muchos casos a revictimizar a las mujeres agredidas por acción u omisión.

Este cambio de “mirada” también es un cambio de sentidos, donde no solo se modifica la persona sino toda la institución a la que pertenece y que cuya cultura institucional reproduce la dominación masculina.

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