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El modelo de masculinidad en la fuerza policial

El presente trabajo tiene la intensión de ser una oportunidad de pensar la hegemonía del género masculino en el contexto de una capacitación sobre el trato más asertivo que se debería dispensar en el caso de violencia de género dentro del desenvolvimiento rutinario de la fuerza policial.

(Por Mario Daniel Díaz Ott, Asistente Social y Licenciado en Trabajo Social del Cuerpo del Servicios Social Forense)

Algunas irrupciones conceptuales en el contexto de cuatro ciclos de capacitación dirigidas al personal Policial sobre procedimientos actitudinales para la atención de victimas en crisis especialmente las de violencia de género.

En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa. Eran mujeres quienes cazaban y pescaban. Ellas salían de las aldeas y volvían cuando podían o querían. Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo. Así era la vida entre los indios Onas y los Yaganes, en la tierra del fuego, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron las mascaras habían inventado para dales terror. Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino. Ellas les creyeron. También les creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas. Eduardo Galeano, “Memoria del fuego. Las caras y las máscaras”.

Buscando motivos, encontrando sentidos

El presente trabajo tiene la intensión de ser una oportunidad de pensar la hegemonía del género masculino en el contexto de una capacitación sobre el trato más asertivo que se debería dispensar en el caso de violencia de género dentro del desenvolvimiento rutinario de la fuerza policial.

Estos pensares y sentires irrumpieron en el autor del presente trabajo para re – significarlos a través de diferentes teorías. Son solo “irrupciones” (reflexiones) que como tal alientan a seguir desnaturalizando lo instaurado por la dominación masculina a través de lo simbólico, estructura primaria y esencial que cristaliza la forma de dominación, gravitando con sus efectos violentos en la sociedad y en especial en instituciones como la fuerza de seguridad, instituciones por excelencia donde se estructura, legitima y reproduce lo “masculino”.

El presente trabajo intentara problematizar a través de las “irrupciones” la ideas dominantes que poseen los agentes de seguridad (policía) con respecto a su visión de la a la violencia de género, entendiendo que esta forma de pensar y sentir conlleva indefectiblemente una forma de hacer, especialmente en el trato dispensado a las víctimas. Esta forma de mirar la violencia de género es entender que no puede estar escindido del habitus legitimador de la dominación masculina en la vida personal de dichos agentes como en la propia institución. (Violencia institucional)

Antecedentes… fundamento del para que de la utopía! …utopía?

El objetivo de dicho curso fue facilitar herramientas psico sociales al personal policial a fin que su   proceder (actitudinal) sea lo más asertivo posible a favor de las víctimas en crisis por violencia de género.

Con el objetivo de acompañar la implementación efectiva del Protocolo Policial (ley n° 6268 Sanción 22/05/2014-Promulgación 05/06/2014 ) para actuar en caso de violencia de género, se identificó la necesidad de facilitar herramientas psico sociales a los agentes policiales, para que estos puedan contener y asistir a las posibles víctimas. Es por ello que el profesional del área del cuerpo del servicios social forense Lic. Mario Daniel Díaz Ott tuvo la responsabilidad de dictar el curso, con el apoyo logístico y didáctico de dos colegas del servicio social forense y la profesional de psicología, también del cuerpo forense.

Estas herramientas tuvieron componentes conceptuales a fin de reducir los obstáculos epistemológicos (de conocimientos), que podrían estar gravitando en el colectivo de la institución. El esfuerzo del taller se centró puntualmente   en la adquisición de destrezas en el ámbito de lo actitudinal y de la formas, es de decir, del manejo del lenguaje corporal y no verbal del agente al momento de la intervención en dichas crisis.

Este manejo diestro, evitaría formas de re victimización y desprotección hacia la mujer, reduciendo sustancialmente la violencia institucional. Mejorando la calidad de la información de las denuncias sin desatender la contención   de la víctima en crisis, en su fase inicial.

Metodología utilizada, conclusiones pensadas y sentidas…actuadas?

Se realizaron 4 ciclos de 6 encuentros cada uno, con la participación de 30 agentes policiales de diferentes rangos en cada ciclo, de las diferentes localidades que conforman la jurisdicción de la jefatura de Ituzaingó.

En los primeros talleres el objetivo fue establecer el encuadre general (horarios, tiempos, exámenes etc.) y los restantes, de tres horas cada uno, se dividieron en contenidos teóricos y prácticos. Las estrategias didácticas tuvieron su eje en la mayéutica (conocimiento a través del cuestionamiento), las referencias y constatación de hechos concretos e ideales con la realidad local a través de cambios de roles (Roll Play), dramatizaciones con invitados de otras instituciones del medio y proyección de cortos documentales. En cada taller se facilitó un espacio de evaluación para constatar la opinión de los participantes En el último se realizó una doble evaluación (Feed Back) que consistió de los participantes a los capacitadores y organizadores y de estos a los participantes.

El instrumento de evaluación para los participantes fue un múltiple choice donde existieron afirmaciones que propiciaron la reflexión y el análisis de los agentes policiales, llamado informalmente por el capacitador, “pica sesos”, haciendo alusión a lo posibilidad de reflexión crítica para su contestación.

Las conclusiones sobre las evaluaciones realizadas a los 120 participantes de los 4 ciclos de capacitación fueron las siguientes: el 70% de los participantes calificaron entre 9 y 10 (Muy Bueno –Excelente) y el 30% entre 6 y 8 (Bueno). El porcentaje de agentes femeninos fue un 30% la mayoría de rangos bajos e intermedios.

Si bien la calificación respondió satisfactoriamente a los patrones conceptuales en un alto porcentaje, lo significativo de la evaluación fue la posibilidad de identificar “mitos o lugares comunes de pensamiento” que funcionan de obstáculos epistemológicos y espisitemofilicos para evitar reproducir los modos de dominación masculina en el ámbito de la fuerza de seguridad.

A continuación se explicitan los dichos de los participantes. Estas afirmaciones no fueron sólo expresadas por los agentes policiales masculinos sino además por los femeninos. Esas expresiones fueron: “Los casos de violencia no ocurren masivamente”…“Los violentos padecen algún tipo de enfermedad mental… ““…La inseguridad está en la calle, allí corremos más riesgo…” “…Ella lo provoca, por eso él se pone loco y le pega…” “…A las mujeres víctimas de violencia les debe gustar, de lo contrario no se quedarían en la casa…” “…El maltrato emocional no es tan grave como la violencia Física…”“…La conducta violenta es algo innato, esencial al ser humano…” “La violencia hacia las mujeres empieza con el matrimonio…” “…hay cosa que están hechas para las mujeres y otras para los hombres…es el orden natural…” “el hombre también sufre violencia por parte de la mujer pero no la denuncia”…“…Lo que pasa en la familia siempre es privado y nadie tiene que meterse. Si una compañera o vecina trata de ayudar o acercar alguna información, le dicen que no se metan y no sea chusma…”

Mirada conceptual…Genero y fuerza policial…como estamos hoy…eh!

Las fuerzas policiales y de seguridad fueron por años cotos masculinos. Las mujeres, en cualquiera de las fuerzas, se ubican en los escalafones subalternos y son pocas todavía las que llegan a los altos puestos jerárquicos. En la Policía Federal representan apenas el 19% del personal, aunque las primeras egresadas datan de la década del ’60 en el rango de suboficiales. Pero recién 18 años después se empezaron a incorporar como oficiales.

Por el momento, sólo hay una comisaria mayor (a cargo de Asuntos Internos) y tres comisarias generales, una de ellas titular de la comisaría 42ª. La presencia femenina es aún menor en Gendarmería (12,7%) y Prefectura (apenas, 4,54%), donde se les abrieron las puertas a las mujeres en años más recientes. En Prefectura recién en 2000. Pero siempre con un cupo. En cambio, en la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la más nueva, creada en 2006, donde no impusieron restricciones desde sus orígenes, la proporción de mujeres es mucho mayor: llega al 31,49%.

“Para construir un modelo democrático de seguridad ciudadana, debemos emprender seriamente la tarea de pensar a los derechos humanos –y la igualdad de género– tanto como un principio que debe ser garantizado y resguardado por el sistema de seguridad del Estado, pero que también debe ser garantizado al interior de ese mismo sistema”, palabra de la ex ministra de seguridad de la Nación Garré, en el prólogo del libro Género y seguridad ciudadana: en busca de la igualdad, publicado por el Ministerio, donde se recopilan las diversas resoluciones en esta materia.

Antes de la Resolución Nº 016/2012 que prohibió la limitación de vacantes por género en los centros de formación o reclutamiento, era muy raro que las mujeres en la Policía Federal ingresaran al escalafón bomberos o comunicaciones (solamente lo hacían al de Seguridad).

La nueva norma tuvo impacto: en todo 2012 entraron 78 bomberas y 109 del escalafón comunicación. En el primer caso representan el 45%de los ingresantes; en el segundo, el 54,5%. En la primera cohorte de 2013 son 31 las bomberas (30%) y 111 en el escalafón comunicación (64%), según datos suministrados por el Ministerio de Seguridad. A la par se reacondicionaron los cuarteles, los pabellones, los baños y vestuarios para alojar a las mujeres. Lo mismo sucedió en otras fuerzas. A partir de la Resolución 016/2012, aumentó más de un 50% el número de cadetas que ingresan para oficiales de la Federal. De 108 en 2012 pasaron a 210 en 2013. Es decir, no era que no querían ser agentes de policía sino que no las dejaban. En Prefectura, por primera vez hay una mujer en la Agrupación Albatros, grupo de elite. En el destacamento, ubicado en la localidad bonaerense de San Fernando, hay 600 varones y una mujer: la oficial ayudante Antonella Saez, de 24 años.

En este contexto se realizó una encuesta anónima para determinar las condiciones de mujeres y varones en las fuerzas policiales y de seguridad. Uno de los datos más preocupantes que aportó el relevamiento fue un alto nivel de violencia laboral vivido tanto por varones como por mujeres y, por otra parte, situaciones de acoso sexual fundamentalmente sufridas por personal femenino y perpetrada por superiores masculinos: más de una de cada 10 mujeres de las fuerzas, es decir, el 13,8% del total pasaron por ese tipo de situación; y 1,1% de personal masculino.

“El acoso sexual, como forma más virulenta en la que se expresa la violencia laboral, se encuentra presente en todas las fuerzas policiales y de seguridad, aunque con distinto grado de incidencia: en la PFA, hay 3,8 situaciones de acoso por cada 100 miembros; le sigue la PSA con 2,9; la GNA con 2,5 y por último la PNA con 1 caso por cada 100 integrantes”, detalló Federman. Según la encuesta, realizada entre agosto y noviembre de 2011, solo el 8% del personal que vivió situaciones de acoso hizo la denuncia.

Una de las resoluciones fue la eliminación de la obligación de pedir autorización para casarse que regía en Prefectura y Gendarmería. “Sólo se tiene que avisar para poder gozar de la licencia correspondiente. Pero no pedir permiso. Este cambio tuvo un impacto más importante entre parejas del mismo sexo, a partir del matrimonio igualitario, que podían sentir que iban a ser discriminados por dar a conocer esa decisión.

Otro de los cambios que imprimió la agenda de género que se está desplegado poco tiempo atrás desde el Ministerio de Seguridad es que puedan ingresar a los institutos de formación mujeres embarazadas o que estén amamantando a un hijo. Antes se les cerraba esa posibilidad. Ahora pueden hacer sus estudios y rendir todas aquellas pruebas físicas que demanda su formación después de dar a luz y terminar el período de lactancia,

La misma directiva se aplica para el régimen de ascenso de las mujeres: antes, como no podían hacer pruebas físicas si estaban embarazadas o amamantando, no podían ascender. “Ahora las hacen cuando están en condiciones y el ascenso es retroactivo. Así no implica un retraso en su carrera”.

Esta situación antes descripta -salvando las condiciones socio organizativas de las fuerzas de seguridad de la jurisdicción Ituzaingó- tuvo el efecto del ingreso significativo de mujeres, cambiando y cuestionando el “paisaje de sentidos” (lugar y trabajo de hombres) dentro de los “códigos viriles de la fuerza” (fuerza, coraje, valentía). Por consiguiente la resistencia por parte de los “hombres instituidos de poder jerárquico”, no se dejó esperar, obturando, dificultando o cuestionando a través de pretextos “legitimadores” el ejercicio pleno de los derechos por parte de las agentes.

Conceptualizando el género

El concepto de género se refiere a la construcción social de las relaciones entre mujeres y varones, aprendidas a través del proceso de socialización, cambiantes con el tiempo que varían entre una cultura a otra, y aun dentro de una misma cultura. El término fue utilizado en los años 70 para describir las características de mujeres y varones que son construidas socialmente, en contraste con las que son determinadas biológicamente.

El género está conformado por cuatro elementos interrelacionados en los que se expresa y a través de los cuales se reproduce, 1-los símbolos,2- los conceptos normativos, 3-lo político – social –institucional y 3- la identidad subjetiva. Supone un conjunto de ideas y comportamientos y el rechazo a la validez interpretativa de dos esferas o mundos separados: hombres y mujeres. Postula que uno no puede ser comprendido sin el otro, y que uno de ellos no puede cambiar si no cambia el otro. El concepto aparece entre las feministas a mediados de los años 70 para insistir sobre el carácter eminentemente social de las distinciones basadas en el sexo y rechazar los determinismos biológicos que se apoyan en la diferencia sexual.  

En el léxico del desarrollo, el género es una variable de análisis que permite analizar los papeles que desempeñan las mujeres y los hombres y sus respectivas dificultades, necesidades y oportunidades. El término “género” no es sinónimo de “mujer” sino que hace referencia a los atributos socioculturales, al análisis de las funciones de cada sexo y de sus interrelaciones.

El concepto se desarrolla al interior del debate teórico feminista y su objetivo fundamental fue evidenciar la fragilidad y falsedad de las explicaciones biologisitas de la subordinación de la mujer. Se trató de distinguir dos esferas que se confunden cuando se trata este tema: la biológica y lo cultural.

El género como enfoque perspectiva y análisis.

El enfoque de género es una herramienta teórica – metodológica desarrollada para analizar los significados, prácticas, símbolos, representaciones, instituciones y normas que las sociedades elaboran a partir de la diferencia biológica entre varones y mujeres. Contempla específicamente la dimensión de las relaciones sociales y de las estructuras de poder, y hace hincapié en la necesidad de entender cómo se realizan estas relaciones en cada contexto social y cultural. Como metodología aporta en el análisis, los modos en que las diferencias sociales y de género trascienden a las personas enraizándose en las sociedades.

El enfoque de género explica el ordenamiento social y la distribución desigual de los recursos, las decisiones, el poder y el trabajo entre mujeres y hombres, basados en las diferencias de género y en relaciones de subordinación. Su análisis nos permite visualizar dentro de un sistema las relaciones entre el género femenino y masculino como relaciones de poder, donde lo masculino domina lo femenino (subordinación). Y evidencia que actualmente la construcción social adjudica: ROLES diferentes para cada sexo; ESPACIOS diferentes para cada sexo y ATRIBUTOS diferentes para cada sexo. Al considerar las relaciones de género como relaciones de poder, su visión implica un contenido político.

Grarnsci postula al género como “hegemónico” a consecuencia de la manera en que se produce y reproduce, encontrando Justificación y fortaleza dogmática en prácticamente toda actividad cultural, reforzando y alimentándose a su vez de un aparato ideológico sustentado en las relaciones de dominio.

Las necesidades de género…

Las necesidades son las aspiraciones más importantes, comunes a todos los seres humanos. Sin embargo, al tener distintas posiciones sociales, diferentes roles y desigual acceso y control de los recursos, resulta que hombres y mujeres tienen distintas necesidades. Implican, de estas aspiraciones, las que son comunes a las mujeres o los hombres, en virtud de su ubicación social, de acuerdo a sus atributos de género. Pueden clasificarse como:

  • Necesidades prácticas de género. Son las necesidades que resultan de las condiciones reales y actuales de vida. Se perciben inmediatamente y tienen que ver con la sobrevivencia. Por ejemplo: Necesidad de agua potable, energía eléctrica, abastecimiento de alimentos, instalaciones sanitarias, etc.
  • Necesidades estratégicas de género. Son las que se derivan de la desigual posición de hombres y mujeres en la sociedad, así como del interés en el logro de relaciones de equidad entre los sexos y de una sociedad más equitativa. Al inclinarse hacia la transformación y flexibilización de los roles de género, no se perciben de manera inmediata.

Apuntan hacia cambios en áreas como leyes, educación libre de sexismo, un modelo económico participativo, vida sin violencia y ciudadanía plena para las mujeres. Cuando los proyectos o las organizaciones se limitan a considerar necesidades prácticas, la tendencia será que las mujeres se limiten a reproducir los roles tradicionales de género, como ama de casa, etc.

A la inversa, al contemplar exclusivamente las necesidades estratégicas, se corre el riesgo de atraer únicamente a mujeres para las que no resultan reales las necesidades de sobrevivencia.

La importancia de una reflexión de este tipo radica en la posibilidad de formular alternativas de desconstrucción del modelo de masculinidad y por lo tanto de construcción del concepto de género desde un punto de vista diferente, que no se estructure a partir de relaciones de dominio.

Althusser (1977: 97-141) habla sobre la residencia subjetiva de la ideología y de los procesos fundantes de la cultura humana ( Althusser ubica los procesos de la ideología en el terreno del inconsciente), quedando claro que al postular la dialéctica de necesidad-satisfacción como fundante de procesos, como la instauración de normas y consolidación de ideologías, el lugar de la cultura queda dentro de esa parte fundante de la subjetividad en la relación entre el sujeto y el contexto vincular-social.

Dentro de la gama de manifestaciones que la cultura muestra de la masculinidad, hay ciertas actitudes que son comunes y que son la base del modelo hegemónico de la masculinidad; Harry Christian (1994: 10-11) las plantea en nueve actitudes básicas:

  1. Los hombres y las mujeres son substancialmente diferentes, y los hombres “de verdad” son superiores a las mujeres y a cualquier hombre que no se apegue a las normas convencionales de la masculinidad dominante.
  2. Cualquier actividad o conducta identificada como femenina degrada a cualquier hombre.
  3. Los hombres no deben sentir (o al menos no deben expresar) las emociones que tengan la más mínima semejanza con sensibilidades o vulnerabilidades identificadas como femeninas.
  4. La capacidad y el deseo de dominar a los demás y de triunfar en cualquier competencia, son rasgos esenciales de la identidad de cualquier hombre.
  5. La dureza es uno de los rasgos masculinos de mayor valor.
  6. Ser sostén de la familia es central en la vida de cada hombre, y es privilegio exclusivo de los hombres.
  7. La compañía masculina es preferible a la femenina excepto en la relación sexual, que es la única vía masculina para acercarse a las mujeres.
  8. El sexo permite tanto ejercicio del poder como obtener placeres, de manera que la sexualidad de los hombres de verdad es un medio de demostrar el dominio y la superioridad sobre las mujeres. Así como la capacidad de competir con los demás hombres.
  9. En situaciones extremas, los hombres debemos matar a otros hombres o morir a manos de ellos, por lo que declinar hacerlo, en caso necesario, es cobarde y, por lo tanto, demuestra poca hombría y poca virilidad.

Violencia de Género

A este punto, quizás se pregunten… ¿Por qué utilizamos el término violencia por razones de género, en vez de “violencia hacia la mujer y los niños”, “violencia hacia la pareja”, violencia doméstica”, o hasta “violencia sexual”? El género es lo que nos ayuda a conceptualizar la violencia en términos más amplios – y comprender el género es de vital importancia para desarrollar estrategias de transformación personal y social para eliminar la violencia y para lograr innumerables metas del desarrollo relacionadas con este tema.

La violencia por razones de género adquiere muchas formas – física, sexual, psicológica, libertades restringidas, coerción y amenazas – que se producen tanto en el ámbito público como privado. Los hombres, las mujeres y los niños, todos son víctimas de esta “forma de género” de la violencia.

A pesar de ello, la violencia por razones de género es predominantemente violencia del hombre o violencias de los hombres. En otras palabras, está enraizada en discurso de género sobre masculinidad y femineidad (normas y definiciones prescritas de lo que significa ser un hombre o una mujer) – y en el lugar que ocupan los hombres y las mujeres con relación a sí mismos y a otros grupos de mujeres y hombres.

Estos discursos de género permiten o animan un comportamiento violento dentro de un contexto de privilegio asumido y poder jerárquico para ciertos grupos de hombres. La violencia sobre la base de género es una articulación de, o una coacción de, jerarquías de poder y desigualdades estructurales nutridas por sistemas de creencias, normas culturales y procesos de socialización. Sus raíces se hunden en la parte estructural y personal. Se centra en el patriarcado – un sistema que coloca al hombre sobre la mujer (y sobre otros hombres) e ínsita un sentido de derecho y privilegio en muchos hombres e institucionaliza los contextos sociales, culturales y legales que permiten la violencia sobre la base del género.

Pero, la violencia por razones de género también se basa en las presiones, miedos y emociones reprimidas que subyacen en la “masculinidad hegemónica” o muchas de las formas de dominio masculino aceptadas en muchas culturas del mundo. A esto hay que añadir la experiencia personal sobre violencia que tienen los individuos – siendo alimentados en una cultura de violencia – y aprendiendo y experimentando la violencia en el ambiente que les rodea – la familia, los medios de comunicación o la comunidad.

El hombre, problema y solución.

El hombre ocupa un lugar céntrico en todos los actos de violencia, y la violencia es parte céntrica de los que significa ser hombre en muchas culturas. Además, la mayoría de los líderes políticos, culturales y sociales del mundo – aquellos que ocupan un mejor lugar para poder influenciar el cambio – también, son hombres.

Cuando imaginamos dejar a los protagonistas claves y los poderosos fuera de la estrategia general para prevenir la violencia, nos damos cuenta de que trabajar con el hombre es un elemento esencial para la prevención efectiva. Lo que es más, como estamos hablando de violencia de género, tenemos que recordar que el género es un elemento importante en la vida de todos nosotros/as, de todos los hombres y mujeres del mundo. El hombre es un ser de género también, y los hombres disfrutan de los privilegios y las consecuencias de las políticas de género en las que viven.

Al reconocer que la violencia por razones de género está relacionada con el desarrollo de la masculinidad (por ejemplo, la forma en la que un grupo define “lo que significa ser hombre”) y que estos están informados por sistemas de creencias, normas culturales y procesos de socialización – hemos ayudado a identificar y reforzar los puntos de entrada de varias iniciativas para la prevención de la violencia a nivel mundial que intentan trabajar con hombres y jóvenes como socios.

Al prestar atención a las responsabilidades de los hombres, vamos más allá de ver al hombre como parte del problema simplemente, y empezamos a verlo como parte de la solución al implicarlos directamente en las estrategias de prevención e intervención. Sin comprometer al hombre como socio, sin permitir que tanto el hombre como la mujer comprendan su función y responsabilidad en la eliminación de la violencia – estaríamos intentar solucionar un problema multidimensional desde una perspectiva muy limitada.

Conclusiones e irrupciones… pensando lo que se hace…sintiendo lo que se piensa…

A las afirmaciones (mitos, lugares comunes del pensamiento, prejuicios etc.) prevalentes orientadas a la violencia de género, que se fueron cristalizando en los diferentes ciclos por parte de los agentes de policías, se contrapone algunas irrupciones (reflexiones) de “sentido práctico” del autor. “..Y siempre he visto en la dominación masculina, y en la manera como se ha supuesto y soportado, el mejor ejemplo de aquella sumisión paradójica, consecuencia de lo que llamo la violencia simbólica amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o más exactamente, del reconocimiento, o en último término, del sentimiento”.

Estas afirmaciones e irrupciones intentan ser contrastes para desnaturalizar la representación mental del “sentido común” (simbólico) que es expresión y a la vez dispositivo de la dominación masculina fortalecida y afirmada por la “cultura institucional”. “La violencia de género es expresión, de la “tensión disruptiva” de la paulatina concreción efectiva de las necesidades prácticas y estratégicas de género”.

Afirmación:       “Los casos de violencia no ocurren masivamente”

Irrupción:…Ocultar la situación de violencia es una de las características tanto del abusador (dominador) como de la mujer .Por eso la situación no sale a luz. Un alto grado de mujeres sufre la situación de violencia dentro del hogar…

Afirmación:       “Los hombres violentos padecen algún tipo de enfermedad mental”

Irrupción:…Esta afirmación no puede explicar porque la enfermedad mental se manifiesta exclusivamente contra la esposa y/o los hijos e hijas. Es sabido que ninguna enfermedad puede ser manejada según criterios selectivos de quien lo padece…

Afirmación:       “La violencia de género es un problema vinculado a la pobreza y la ignorancia”

Irrupción:…La situación de violencia de género está presente más allá del nivel social, económico y de instrucción. Lo que ocurre es que la pobreza contribuye hacer más visibles estas situaciones…

Afirmación:       “El alcoholismo o el consumo de drogas son los que causan la violencia”

Irrupción:…El consumo de alcohol o de sustancias facilitan o agravan las conductas agresivas pero no son las causas. Utilizarlas desvían la responsabilidad…

Afirmación:       “La inseguridad está en la calle allí corren más riesgos”

Irrupción:…La mayor cantidad de actos violentos se da dentro del hogar o en lugares conocidos y por parte de un integrante o allegado de la familia…

Afirmación:       “Ella lo provoca por eso él se pone loco y le pega”

Irrupción:…Esta afirmación quita la responsabilidad sobre el hombre agresivo .Justifica el uso de la violencia como una forma de resolución de un problema o diferencia entre los integrantes de una familia, desconociendo la vigencia de lo más elementales derechos humanos…

Afirmación:       “A las mujeres víctimas de violencia les debe gustar, de lo contrario no se quedarían en la casa”

Irrupción:…La mayoría de las mujeres que sufren situaciones de violencia de género, no pueden salir de esta situación por diferentes razones emocionales, sociales, económicas etc. Además, estas mujeres tienen sentimientos de culpa y vergüenza, lo que dificulta aún más la posibilidad de pidan ayuda…

Afirmación:       “La violencia emocional o psicológica no es tan grave como la violencia física”

Irrupción:…La violencia emocional o psicológica, sin que se produzca violencia física, tiene consecuencias tan graves como la violencia física. Puede producir diferentes tipos de enfermedades psicológicas y baja en la autoestima.

Afirmación:       “La conducta violenta es algo innato esencial al hombre o el ser humano”

Irrupción:…La violencia no es algo natural, propio del ser humano, sino que es una conducta aprendida a partir de modelos familiares y sociales. Se aprende en la familia, la escuela, el deporte, en los medios de comunicación. Por lo tanto sería posible aprender a resolver los conflictos familiares sin utilizarla violencia…

Afirmación:       “La violencia hacia las mujeres empieza con el matrimonio”

Irrupción: …En muchos casos hay indicios de violencia durante el noviazgo como por el ejemplo: celos excesivos, intento de dominación, aislamiento de amigos y familiares…

Afirmación:       “Lo que pasa en la familia siempre es privado y nadie tiene que meterse…”

Irrupción:…Si alguien en un apareja o familia ejerce violencia pierde su derecho a la privacidad. La violencia es un problema social y brindar información a quien lo necesita es un derecho que debemos promover. No olvidemos que vivir sin violencia es un derecho humano básico.

Afirmación:       “…hay cosa que están hechas para las mujeres y otras para los hombres…es el orden natural…”

Irrupciones:…Los espacios (ámbitos “dentro y fuera”) actividades (danza, futbol) estéticas (bella delicada femenina) etc., son divisiones construidas socialmente donde lo simbólico refuerza la desigualdad de su ubicación legitimándola como “natural”

Afirmación:       “…el hombre también sufre violencia por parte de la mujer pero no la denuncia…”

Irrupciones:…La “resistencia masculina” al avance de la concreción de las necesidades de género, alienta a los “hombres dominantes” a erguirse como víctimas con una doble “intención –inconsciente” a- legitimar las condiciones de igualdad ante la agresión y b- relativizar las estadísticas actuales escandalosas sobre la violencia de genero.

Irrupción ilustrada…más allá del sentido práctico

Según Gramsci, para que un grupo tenga éxito dentro de las relaciones de poder y controle a la sociedad a la que pertenece puede optar por dos caminos (Portelli,1982:20):puede reprimir a los demás grupos usando la coerción y formar una dictadura o puede mantenerse en el poder sustentando la dirección ideológico de la sociedad forjando una hegemonía.-En el caso de la hegemonía , la ideología equilibra y justifica al aparato de coerción y el acaparamiento de los excedentes de los medios de producción, ya que para Gramsci (1971:12) la ideología es una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en todos las actividades de la vida intelectual y colectiva; esta concepción del mundo justifica las acciones del grupo dominante. No hay que olvidar que es “su concepción del mundo” y esta debe ser difundida a toda la sociedad; esta es tarea de la capa de intelectuales al servicio del sistema que también se encargan de invalidar ideologías contrarias a las del grupo dominante, así como todas las expresiones culturales que estén fuera de lugar dentro del sistema hegemónico.

Aunque el sistema hegemónico se empeñe en ser una totalidad, la relación entre grupo dominante y los grupos subordinados no son tan rígidas, ya que los grupos subordinados presentan una resistencia al sistema ideológico expresado por el poder cultural del grupo dominante al sustentar su propia ideología y apropiarse de sectores de la cultura que le fueron atribuidos como características; estas relaciones son ambiguas, ya que los grupos subordinados presentan esta resistencia que cuestiona a la cultura de los grupos dominantes, pero que en muchos aspectos la valida. Esta ambigüedad es el resultados de ver a la cultura como relaciones humanas donde los intereses de grupo luchan entre si al contraponerse necesidades no cubiertas con fragmentos ideológicos que expresan lo contrario o niegan todo derecho a la satisfacción de dicha necesidad. En prevención de esta situación, el sistema ideológico se expresara por medio de la cultura.

Esta “cultura oficial”, como la llama Garcia Canclini (1981:51), hará uso de todo medio posible para ejercer su poder obteniendo entonces tres características:

a-Impone las normas culturales ideológicas que adaptan a los miembros de la sociedad a una estructura económica y política arbitraria (la llamamos arbitraria en el sentido de que no hay razones biológicos, sociales, o “espirituales”, derivadas de una supuesta “naturaleza humana” o “naturaleza de las cosas” que vuelven necesaria a una estructura social determinada)

b- Legítima la estructura dominante, la hace percibir como la forma “natural” de organización social y encubre por tanto su arbitrariedad;

c- Oculta también la violencia que implica toda adaptación del individuo a una estructura en cuya construcción no intervino y hace sentir la imposición de esa estructura como la socialización o adecuación necesaria de cada uno para vivir en sociedad (y no en una sociedad predeterminada).

El grupo Masculino dominante ha sustentado un hegemonía con un sistema ideológico basado en una jerarquía hecha sobre la diferencia sexual a su favor, y que se ha mantenido a pesar de la dinámica social de las clases y los grupos, no importando que las estructuras institucionales históricas hayan cambiado a su alrededor .Esto da a suponer que el género hegemónico cuenta con un bloque histórico que está por arriba de los bloques determinados por elementos económicos y materiales.-

El sistema ideológico en todos sus estratos se encarga de absorber todo intento de resistencia y trata de resolver los conatos de crisis provocados por el descontento de los grupos subalternos; un grupo hegemónico que entienda la importancia de tener a su servicio a los demás grupos tratara siempre de adherir y absorber a los otros grupos   antes de reprimirlos.

Un ejemplo de esta dinámica social lo plantea E.P. Thompson (1990:135-170), al documentar las relaciones de dominio al servicio del sistema hegemónico llamándolas “economía moral”. Dicha relaciones son las que equilibran los vínculos grupales a un nivel ideológico. es un especie de contrato entre dominantes y dominados que se caracterizan por ser un concepto cultural de reciprocidad disimétrica entre los miembros de la sociedad que hace pactar entre estos los “mínimos no transgredibles” dentro de las relaciones de poder y sometimiento, asegurando la estabilidad social y la sobrevivencia de los grupos minoritarios y dominados.-Al pactar estos “mínimos”, los grupos dominados aseguran una subsistencia en los lugares secundarios de la escala social , y así tenemos que las ideologías de los grupos se adecuan a esta economía moral en relación con la capacidad de saciar sus necesidades, pero siempre sobre la base del aseguramiento de una satisfacción mínima no transgredible.

Esta economía moral dentro de la cultura es una vía de doble sentido semejante al paso fronterizo entre naciones, ya que tanto la cultura oficial como la resistencia cultural hacen uso de ella; una al promover y naturalizar el mínimo no transgredible como el ideal de la satisfacción posible, logrando neutralizar resistencias al “convencer” ideológicamente de que el modo de vida es inmejorable y que, si no es lo mejor , por lo menos no es lo peor; y la resistencia al promover la visión crítica de los mínimos no transgredible tachándolos de injustos y luchando por un mejoramiento de los mismos, por medio de protestas tolerando el sistema social, buscando esas “mejoras inmediatas”. Cuando los grupos dominantes transgreden los limites rompiendo el pacto entre grupos, las ideologías de resistencia cobran fuerza y surge la agresión.

En el caso de género, el sistema ideológico promueve los supuestos beneficios y las “amables concesiones” que ha otorgado a las mujeres a lo largo del tiempo reconociendo sus derechos, lo que más que concesiones son el producto de los levantamientos en contra del sistema hegemónico. Aunque el sistema tuvo que cambiar gracias a ellos, se ha podido adaptar a la pérdida del terreno ganado por las mujeres e incluso ha logrado sacar provecho de ello.

Para finalizar, en lo que respecta al estado de situación actual de la cultura institucional policial sobre el género, se puede concluir que posee una doble lectura: la primera hacia el interior de la institución, que si bien el ingreso de miembros femeninos produjo un primer quiebre en cuanto a los “cuerpos” (presencia del cuerpo femenino en un espacio de privilegio masculino) esta irrupción endureció más aun la resistencia simbólica masculina, manifestada sobre las reivindicaciones de las acciones propias del imaginario masculino (fuerza, rudeza, tareas riesgosas vs, tareas de oficina , organizativas, domesticas etc.).

La eficacia simbólica de lo masculino en el ámbito de la fuerza, se visualizó a lo largo de los ciclos de capacitaciones en las, irrupciones o mitos, expresados, modos de utilización los espacios físicos, formas de satisfacer necesidades, gestos y modos corporales, no sólo de los hombres sino sobre todo de las mujeres policías, que sobradamente mostraron “concesiones” para poder “sentirse” parte de la institución policial.

En otra línea de análisis, estos elementos antes mencionados persisten como obstáculos espisitemofilicos, y conllevan la temida posibilidad de revictimización, por parte del personal policial hacia las víctimas de violencia de género, constituyendo una violencia institucional por ser parte de un proceder legitimado hacia el interior de la fuerza.

Es claro que los ciclos de capacitación no son efectivos en cuanto a su pretensión de constituirse como dispositivos modificadores de hábitos, es necesario introducir el tema de género sin desvincularlo de la eficacia política que posee el termino feminismo en todo el proceso de formación institucional, no como un materia más dentro de la curricula sino como un mirada transversal en todas las materias de la formación. Este visón (Mirada) debe ser traducido en acciones y estas en signos y símbolos que actúen disruptivamente, para una modificación paulatina pero sostenida de la cultura institucional.

Son además necesarias, para afrontar el problema de la violencia patriarcal y superar sus consecuencias, actuaciones a nivel social que impliquen un nuevo contrato social, con nuevas medidas legislativas, modificaciones los programas educativos, y sensibilización a los distintos medios de comunicación.

 

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